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Cómo se trata la hepatitis crónica por virus C

Por Borja Lopez. Actualizado: 16 enero 2017
Cómo se trata la hepatitis crónica por virus C

La hepatitis crónica se define como una enfermedad inflamatoria crónica del hígado de más de 6 meses de duración, que se caracteriza por la asociación de fenómenos inflamatorios, necrosis celular y, en muchos casos, fibrosis. El tratamiento varía según la etiología, por lo que en esta sección nos limitaremos a desarrollar el tratamiento de la hepatitis crónica por virus C.

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Pasos a seguir:
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Una vez confirmada la presencia de una hepatitis crónica por virus C es necesario realizar algunos estudios. Normalmente se hace una analítica completa de sangre, se analiza el tipo específico del virus C (el genotipo) y un rasgo genético del mismo (conocido como polimorfismo de la IL28B) que sirve para saber cuál puede ser la respuesta del virus al tratamiento. También suele realizarse una ecografía para ver el estado del hígado, y es posible que se valore la necesidad de realizar una biopsia para conocer el daño del hígado antes de iniciar el tratamiento, si bien en muchas ocasiones esta prueba se sustituye por otra llamada "elastografía hepática" (el aparato utilizado se llama Fibroscan) que es parecida a una ecografía y que mide la dureza del hígado, lo que traduce el grado de daño hepático.

Con todos estos datos el especialista estará en disposición de conocer la situación actual del hígado y la necesidad de tratamiento.

Durante muchos años el tratamiento disponible para la hepatitis crónica C ha estado estancado en la combinación de dos medicamentos: el interferón pegilado (una inyección que se pone semanalmente) y la ribavirina (unas pastillas que se toman diariamente). Este tratamiento consigue eliminar la infección en un porcentaje que va del 30 al 80% según sea el genotipo viral.

La duración del tratamiento es variable, pero suele ser de aproximadamente un año para los genotipos 1 y 4. En el caso de los genotipos 2 y 3 suele ser de 6 meses. En determinadas circunstancias pueden acortarse estos tiempos.

Desde 2013 se dispone de otros dos medicamentos (telaprevir y boceprevir) que eligiendo uno y combinándolo con el interferón pegilado y la ribavirina consigue tasas de curación más altas, si bien también aumenta el riesgo de desarrollar efectos secundarios, algunos graves, como anemias y alteraciones en la piel. Este tratamiento "triple" está indicado para las hepatitis por virus C genotipo 1 que cumplen una serie de requisitos en cuanto a daño hepático y fracaso de tratamientos previos.

Actualmente (2014) están en marcha varios estudios en los que se están probando nuevos medicamentos y nuevas combinaciones para lograr tratamientos más eficaces, que sirvan para más genotipos y minimizando al máximo los posibles efectos secundarios, por lo que en los próximos años asistiremos a la llegada de nuevos tratamientos.

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Dieta

No hay datos científicos para justificar ninguna dieta especial para este tipo de pacientes. No obstante, si el paciente va a recibir el tratamiento con interferón, sería aconsejable que se aproximara lo más posible al peso ideal, puesto que algunos estudios parecen demostrar peor respuesta entre los obesos.

Dado que está claro que el consumo de alcohol aun en pequeñas cantidades, favorece la progresión de la enfermedad en pacientes infectados por virus C, al mismo tiempo que varios estudios demuestran que aumenta la viremia y la actividad necroinflamatoria en la biopsia, el consumo de alcohol debe ser abolido completamente. Y más aún en los pacientes con lesión hepática severa. Los pacientes con hepatitis crónica por virus C pueden hacer un tipo de vida normal. No requieren reposo y pueden hacer deporte. La convivencia normal con el resto de las personas no entraña ningún factor de riesgo para éstos. Solamente, hay un caso documentado de transmisión por un cirujano cardíaco de hepatitis C al paciente. No obstante, y aunque desde el punto de vista práctico probablemente carece de interés, desde el punto de vista ético es aconsejable que en los cirujanos que sean anti-C positivo y RNA positivo sean muy escrupulosos en todas sus prácticas invasivas, para evitar lo más posible el mínimo riesgo de contagio en sus pacientes.

Los pacientes con hepatitis crónica C deben evitar tomar terapéutica inmunosupresora, puesto que este tratamiento incrementa la carga viral y puede aumentar el daño hepático. Se aconseja que los pacientes con infección crónica por virus C se vacunen frente al virus de la hepatitis B pues la coinfección con ambos virus incrementa llamativamente el riesgo de hepatocarcinoma, la infección en sí misma puede ser más grave y en los casos que evolucionan a insuficiencia hepática pueden adquirir la hepatitis B si no están vacunados, en caso de ser trasplantados a través del órgano del donante.

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Tratamiento farmacológico de la hepatitis crónica por virus C

Los mecanismos por los que se perpetúa la presencia del virus dependen de factores del huésped como su estructura genética (HLA) o su capacidad de respuesta frente al virus y de factores víricos como el genotipo, la replicación intra y extrahepática, su influencia sobre el sistema inmune y la facilidad para escapar a dicho sistema inmune debido a la heterogenicidad del virus.

Por eso, el tratamiento tendrá que actuar sobre alguno de estos factores. El tratamiento pretende curar la enfermedad, o sino, puede al menos disminuir la replicación intrahepática, que parece guardar relación con la inflamación, aumentar la inmunidad del sujeto para ayudar a la erradicación del virus y con esto suprimir la infección viral, o eliminar o disminuir la progresión de la fibrosis y con ello evita el desarrollo de cirrosis y de hepatocarcinoma.

En los años 98-99 los fármacos que tenemos o parece que tendremos para el tratamiento de esta enfermedad son: el interferón, la ribavirina, la amantadina y aún no desarrollados los inhibidores de proteínas del virus (inhibidores de las proteasas) o de la RNA polimerasa RNA dependiente codificada a nivel de la zona NS5 y que todavía no se han desarrollado para el virus C pero que por haberse desarrollado para el VIH se cree se conseguirá para el C.

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Este tratamiento produce frecuentemente síntomas parecidos a la gripe, a largo plazo puede hacer perder peso, afecta en cierta medida el estado de ánimo del paciente y puede producir anemia. Los efectos secundarios son reversibles y raramente graves. Aproximadamente un 55% de los pacientes con los genotipos menos favorables y casi un 90% de los pacientes con genotipos más sensibles al tratamiento, pueden curarse de la infección. La necesidad de tratamiento debe ser establecida por un especialista en la materia. Cuando el daño en el hígado está muy avanzado, los pacientes pueden ser sometidos a trasplante hepático.

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-La hepatitis crónica C es una inflamación mantenida de nuestro hígado, producida por el virus C de la hepatitis.

-La enfermedad pasa con frecuencia desapercibida por producir pocos síntomas. Evoluciona a largo plazo y en un 20% de los pacientes se puede producir una cirrosis hepática.

-No hay vacuna eficaz para la infección y la prevención se basa en medidas higiénicas, que deben conocerse, para evitar riesgos, pero a su vez para no caer en comportamientos innecesarios, con repercusión en la calidad de vida.

-El tratamiento actual es mucho más eficaz que hace 10 años, pudiendo contemplarse la perspectiva de una curación en un elevado número de casos; no obstante es necesario el progreso en este terreno. El tratamiento no está indicado en todos los pacientes, y tiene ciertas contraindicaciones. En cualquier caso, su necesidad debe ser establecida por el especialista.

Este artículo es meramente informativo, en unCOMO no tenemos facultad para recetar ningún tratamiento médico ni realizar ningún tipo de diagnóstico. Te invitamos a acudir a un médico en el caso de presentar cualquier tipo de condición o malestar.

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